ME QUIERO, ME VALORO, ME RESPETO #sanvalentín

Un lugar en el mundo, 14 de febrero de 1758

 Amado mío:

Perdón la tardanza por no recibir nuevas mías, pero la verdad es que fui a visitar a mi tía Adolfa VII a su villa de Casteplanar y ya sabes cómo son los eternos viajes a caballo durante días y haciendo pocas paradas. Tarde unos diez días en llegar, y aunque apuntaba todo lo que me pasaba en mi diario, tengo la necesidad de contártelo antes de la próxima luna llena en la que nos encontraremos.

En el último encuentro me hiciste una proposición y quisiste que te respondiera antes de la fecha arriba señalada. Una proposición que no supe responder en el momento y que posiblemente si lo hubiera hecho, hubiera aceptado. Pero pensándolo mejor, voy a declinarla. Mi respuesta no está influenciada por mis consejeros, ni por mis deseos hacia vos, ni por la influencia de mi esposo sobre mí. Mi respuesta está influenciada por los vientos de las tierras asturianas, los cuales al ser húmedos hicieron mella en mí. En concreto, por unas tierras en las que paré a descansar con mis sirvientes y ayudas de cámara en uno de los días del largo viaje. Ahí, apoyada en una roca y sintiendo el frío riachuelo en mis cansados pies decidí lo que a continuación te voy a contar:

  • Deseo que nos dejemos de ver cuando vos queréis. Mi aspiración es concertar encuentros, pero cuando yo lo deseo también. Es decir, si en lugar de quedar todas las lunas llenas, quiero quedar luna menguante. Lo haré
  • Deseo estar bajo las influencias de mi esposo. Le detesto. Escribiré al obispo para pedir la nulidad matrimotional y prepararé carros y carros de oro para conseguirlo. No creo que ponga oposición ya que tengo entendido que está teniendo encuentros con una dama de otra corte.
  • Deseo reubicar a mis consejeros. No los necesito. Solo me aportan “debes que”, “necesitas”, “deberías”, y un sinfín de ordenes más. A partir de ahora las órdenes hacia mi persona, las daré yo, que para eso llevo faldas. ¡Y con ayuda de Dios, lo conseguiré!

Por ultimo quiero decirte, que antes de irme de aquel esplendoroso lugar cometí una locura que seguro que nadie aprobaría: escribir. Quería hacerlo, puesto que ya ese lugar me había transmitido tanto, deseaba que cualquier forastero como yo leyera lo siguiente: recuerda que llevas la falda con la que se torea.

Anuncios