(IM)PACIENCIA

Lleva casi diez minutos al teléfono. Concretamente nueve minutos con cuarenta segundos. Nueve minutos con cuarenta y un segundos. Nueve minutos con cuarenta y dos segundos. Nueve minutos con cuarenta y tres segundos… Cuelga. Su cara muestra un rostro descompuesto. Sin gesto. Como le hubieran arrancado cualquier signo de expresividad de la cara. Por su respiración noto como se ha puesto nerviosa. Respira muy fuerte. Me fijo en la frente y noto como corren chorretones de sudor. Su rostro sigue sin expresividad.

En la habitación hay tanto silencio que solo se escucha el tic tac del reloj. Un segundo más, es uno menos. Suena un ruido. Es su tripa debe de tener hambre. Noto como acaba de tragar saliva. Parece que lo hace con miedo. Y en estos momentos es cuando te gustaría tener el poder de leer la mente, como aquel personaje de aquella película (la cual no recuerdo el nombre, ¡maldita memoria la mía!), y saber que diantres está pensando. Pero nada. Solo silencio. Solo el tic tac del reloj.

Parece que ha pasado una eternidad. No me atrevo a preguntar, me da miedo. Espera, no salgas de la página. Creo… ¡sí! Parece que quiere articular palabra. ¡Algo quiere decirme! (Ahora el que está nervioso soy yo).

Sus palabras son claras: SE ACABÓ. En la franja de una milésima de segundo pasan mil pensamientos. Buenos y malos. Siendo realistas, me describo como una persona negativa. Una que si tiene un vaso lleno de whisky, siempre lo veré vacío y yo siempre estaré ebrio.

Sus palabras no paran de retumbar en mi cabeza y sigo teniendo la sensación de que el tiempo no pasa. Ya ni oigo el reloj. Mi vista sigue de frente. No cambia. Estoy expectante.

La reacción de ella: se le caen las lágrimas pero no unas lágrimas cualquieras unas de que ya no aguanta más. Lágrimas de cansancio las que le he visto absorberse en mil y una situaciones. Baja la cabeza muy lentamente como si fuera la caída de “x” persona pero a cámara lenta. De repente la sube de la forma más veloz que jamás he visto. Coge sus cosas y se dirige a la puerta. Plaf. Portazo.

Se marchó y esa fue la última vez que la vi.

Y estoy seguro que no lo volveré hacer.

Ojalá.

Pero, ella cuando se va nunca vuelve.

Y ojalá que vuelva,

pues la seguiré esperando

SIEMPRE. PACIENTEMENTE.

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