HASTA NUNCA, DOS MIL DIECIOCHO

2018 comenzó con una increíble nochevieja llena de risas y bromas. Continuó con año nuevo y la “tarde aburrida” que se queda después de comer. Prosiguieron con los Reyes y su magia, tan espectaculares como siempre. Siguió con el fin de las vacaciones y la vuelta al cole. Clases que terminaron en junio, pero para luego empezar en septiembre. Pero, eh, no nos saltemos el verano. El verano. Tres meses largos y cálidos si estas en cualquier otro sitio que no sea el norte de España. De cierta manera acabó llegando y con él las tardes en la playa, las comilonas, el mar y la arena, el sol y las quemaduras, las fiestas de los pueblos, la cola inmensa de la heladería… Continuó con septiembre y su vuelta al cole. En octubre y la vuelta al trabajo y el otoño. Noviembre y la presión de ser el penúltimo mes del año. Y, diciembre. ¡Oh diciembre! Mes en el que hacemos balance de todo el año: bueno y malo. Nos proponemos una serie de propósitos y nos juramos y perjuramos que los cumpliremos todos y cada uno de ellos.

Ahora bien, 2018 has entrado por la puerta grande y terminas por la puerta grande. No he conseguido todos mis objetivos, pero me has dado la fuerza que necesito para conseguirlos y proponerme otros con las expectativas más altas. El “todo pasa por algo” se me ha quedado grabado (y que bien). Solo puedo decir: ¡prepárate 2019!

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